Intercesion

LAS TRES ETAPAS PRINCIPALES DE LA INTERCESIÓN

Cuando vemos el papel de Cristo como nuestro Gran Intercesor, encontramos tres etapas importantes en la intercesión:
1. La identificación
2. El sacrificio de Sí mismo
3. El poder y la autoridad
Un INTERCESOR es "aquél que se pone en la brecha, que ora, pide a favor de otros e incluso también por naciones enteras".

  • PRIMERA ETAPA: LA IDENTIFICACIÓN

 La verdadera intercesión, primero que nada requiere una identificación. Como nuestro intercesor, Cristo se identificó con nosotros, tomando El mismo la forma de carne y sangre. Él dejó Su gloria en el cielo y Su gloria con el Padre y vino a ser como uno de nosotros de tal forma que Él puede ser un Sumo Sacerdote misericordioso que siente nuestras debilidades, pruebas, enfermedades… porque Él mismo las pasó, y por lo tanto es apto para interceder a nuestro favor.
En nuestra intercesión, primero debemos desear identificamos con aquellos por los cuales vamos a interceder.
Debemos identificamos de tal manera que tomemos sus cargas sobre nosotros, que sintamos su dolor y sufrimiento y así presentar sus necesidades delante del Padre como si fueran nuestras.
No es suficiente el sólo decir, "Señor salva a los perdidos, sana al enfermo,…".
Como intercesores debemos primero que nada identificarnos con la gente que está perdida o sufriendo ya sea a nuestro alrededor o en cualquier lugar de la faz de la tierra.
No hay ninguna otra forma de orar efectivamente por los perdidos; si no podemos identificarnos con ellos hasta el punto de sentir lo que ellos sienten.
Lo que está pasando en la Iglesia hoy día en general, aunque gracias a Dios también hay excepciones, es que los cristianos nos hemos separado y aislado de los perdidos e incluso del resto de cristianos, de tal manera que solo nos preocupa nuestro propio bienestar y somos incapaces de tener carga por aquellos que no pertenecen a nuestro entorno más cercano.
Esto debe de cambiar. Debemos desear identificarnos con los alcohólicos y drogadictos, con las prostitutas, con aquellos que han sido abandonados, con los pandilleros,…hasta el punto de sentir sus enfermedades, su dolor, su sufrimiento,  y que nuestros corazones sean movidos a tener una verdadera compasión por ellos. Es entonces cuando seremos capaces de ponemos en la brecha delante de Dios e interceder de una manera efectiva por ellos y mover la mano de Dios.
Este tipo de identificación se manifestó en la vida de Cristo. Como nuestro Sumo Sacerdote Intercesor, El se puso en nuestro lugar. El puso nuestra naturaleza sobre Sí mismo. El aprendió a obedecer a través del sufrimiento. El fue tentado en todo. "Y, Aquél que no cometió pecado se hizo pecado por nosotros". (II Corintios 5:2 1).

A través de Su intercesión por nosotros, El obtuvo Su posición de poder supremo y autoridad sobre todas las cosas.
Un intercesor será capaz de pedir efectivamente cuando él  esté dispuesto a entrega su vida por otros.

La intercesión no substituye el pecado. Sólo hubo un substituto para el pecado... JESUCRISTO.
Lo que hace la verdadera intercesión es identificar al intercesor con aquél por el que se intercede, y lo lleva a un lugar predominante con Dios. En nuestra intercesión por otros, debemos ponernos en el lugar donde ellos están. Debemos identificamos con sus necesidades y sentir sus problemas, enfermedades… y solo así intercederemos de una forma efectiva a su favor.

  • SEGUNDA ETAPA:  EL SACRIFICIO DE SI MISMO

Cristo, el Gran Intercesor hizo el sacrificio máximo, dando Su vida por nosotros. Jesús dijo:
"Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos". (Juan 15:13)
En nuestra intercesión, debemos poner nuestra propia vida como sacrificio a favor de aquellos por los que estamos orando. Debemos crucificarnos y dejar a un lado nuestros propios deseos y entregarnos en sacrificio a través de la oración y el ayuno a favor de las necesidades de otros.
Jesús dijo: "De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la Tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto". (Juan 12:24)
Solamente cuando morimos a nosotros mismos, a nuestros deseos, y nos entregamos en sacrificio a través del ayuno y la oración por los demás, el Espíritu Santo fluirá a través de nosotros para cumplir Su trabajo de intercesión.
Uno de los ministerios principales del Espíritu Santo sobre la Tierra hoy, es la intercesión. Es el Espíritu Santo quien pone en nuestro corazón la carga por los demás y nos llama a interceder. Solamente si morimos a nosotros mismos, el Espíritu Santo fluirá con libertad e intercederá a través de nosotros.
Hoy día hay muchos cristianos que piensan erróneamente que no son aptos o que no saben como interceder. La verdad es que venimos a ser intercesores por causa del Intercesor que vive en nosotros. Cuánto más morimos, y nos llenamos del Espíritu Santo, más podrá utilizamos e interceder a través de nosotros.
Cuando llegamos al punto de someter completamente nuestras vidas, deseos, planes, pensamientos y permitimos al Espíritu Santo reinar con libertad en nuestras vidas, NO HAY ABSOLUTAMENTE NINGÚN LÍMITE en la intercesión...
"Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”. (Romanos 8:26-27)
Durante la intercesión cuanto más nos llenemos del Espíritu Santo, más Él intercederá a través de nosotros.

  • TERCER ETAPA: EL PODER Y LA AUTORIDAD

A través de la intercesión de Cristo, Su identificación, Su obediencia y Su completa sumisión a la voluntad de Dios, Su propio sacrificio, Su muerte en la cruz, El obtuvo Su posición de supremo poder y autoridad sobre todas las cosas.
Cuando morimos a nosotros mismos y permitimos que el Espíritu Santo tenga control absoluto para orar a través de nosotros con gemidos indecibles, entraremos en el terreno de poder y autoridad que nos pertenece en el Nombre de Jesús. Hemos ganado esta posición de poder espiritual a través de la intercesión en donde seremos capaces de proclamar palabras de liberación. Estamos investidos con la autoridad del Espíritu Santo; y es desde esta posición que se harán esas "mayores cosas en el Nombre de Jesús" de las cuales el Señor habló. Esta es la verdadera intercesión.
La batalla es siempre ganada primeramente a través de la intercesión en el reino espiritual, y es después de la victoria en este reino cuando podemos verla en el reino natural, es decir con nuestros ojos.

Esta posición de poder y autoridad no es algo que podemos obtener por nuestra propia fuerza. Es una posición de intercesión en la que el Espíritu Santo nos da a medida que El nos llena. El Intercesor que vive en nosotros completará Su trabajo de intercesión en la Tierra a través de nosotros mientras presentemos nuestros cuerpos como sacrificio vivo.
En esta nueva dimensión de poder y autoridad a través de la intercesión seremos capaces de venir delante de Dios a favor de nuestras necesidades, de nuestras familias, de aquellos que amamos, de nuestras ciudades, etc. y tomar todo lo que Dios nos ha prometido en Su Pacto con nosotros.

El papel de intercesor es un llamado santo. Así como Jesús intercedió por el mundo a través de Su vida y muerte y nos reconcilió con Dios. Su Iglesia, usted y yo, hemos sido llamados a interceder y a reconciliar al hombre con Dios. Por Su Espíritu tenemos un real sacerdocio.
El Apóstol Pedro dijo: "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó a Su luz admirable". (I Pedro 2:9)
En nuestro papel como miembro de la "Fuerza de Ataque", Dios nos está llamando a venir delante de El y presentar las necesidades de la gente que nos rodea, creyendo que El interviene, salva, sana, libera y rompe todo yugo de esclavitud de sus vidas.
Dios quiere que seamos intercesores, no sólo a través de la intercesión sino a través de nuestra propia vida... a través de nuestras acciones así como de nuestras palabras.

El tipo de intercesión al cual Dios nos está llamando, implica mirarle cara a cara, orando, clamando, llorando y gimiendo en el Espíritu. Implica consagrarnos y apartarnos para ayunar y orar esperando delante de El y no dejándolo ir hasta que la obra se haya cumplido. Requiere que nosotros nos pongamos en la brecha a favor de otros.
Dios quiere usarte en este tiempo final para cumplir Su voluntad. Cuando nos unamos en esta nueva y poderosa dimensión de oración, veremos las respuestas a la oración como nunca.

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